Advertencia
Estos artículos están elaborados tras una intensa búsqueda y
selección de información. La labor que realizo pretende ser meramente divulgativa.
En la mayoría de los casos he sometido el contenido a experimentación empírica,
en cuyo caso, hay una descripción de los resultados, bien sometiéndome yo mismo
a la experimentación, bien con otras personas. Con esto, quiero que quede claro
que es imposible —con los medios a mi alcance— cubrir todo el espectro de casuísticas,
alergias, intolerancias, reacciones, afectos secundarios, etc. que se puedan
producir en terceras personas. Lo que aquí se expone no tiene, de ningún modo,
valor médico ni terapéutico. El uso que se haga del contenido del artículo
queda bajo la exclusiva responsabilidad del lector. Dicho lo anterior, sólo me
queda añadir que en lo referente al estudio de los temas que trato, hay una cantidad ingente de
desinformación en Internet, detrás de la cual no siempre hay personas u organizaciones bienintencionadas. Se atribuyen a determinados
elementos unos efentos basados en el copy&paste de páginas web y de literatura de escaso
valor científico o medicinal. Le pido a los lectores, por favor, que sean críticos —también
con mi propio contenido—, que se formen, que comparen y que utilicen el sentido
común para discernir lo científico o lo plausible, de los cientos de gurús que adquieren
fama, reconocimiento y dinero a base de explotar la ignorancia o las necesidades de la gente. Finalmente, aunque invesigue y publique sobre cuestiones que muchas veces están irremediablemtne abiertas al misterio, no lo hago para justificar pseudociencias, corrientes, movimientos, espiritualidades o esoterismos. Lo hago por amor a la verdad y por la profunda convicción de que un mundo tan predecible como el mecanismo de un reloj, en el que no hay espacio para el asombro, el descubrimiento y la contemplación, es tan inhumano como irreal.
Recuerdo, para terminar, unas palabras de Carl Sagan en 1995:
«La ciencia es más que un cuerpo de conocimiento, es una manera de
pensar. Tengo un presagio de la época de mis hijos o mis nietos, cuando
Estados Unidos sea una economía de servicios e información; cuando casi
todas las principales industrias manufactureras se hayan ido a otros
países; cuando los increíbles poderes tecnológicos estén en manos de muy
pocos, y nadie que represente el interés público pueda si quiera
comprender los problemas; cuando la gente haya perdido la capacidad de
establecer sus propias agendas o cuestionar sabiamente a los que tienen
autoridad; cuando, abrazados a nuestras bolas de cristal y consultando
nerviosamente nuestros horóscopos, con nuestras facultades críticas en
declive, incapaces de distinguir entre lo que se siente bien y lo que es
verdad, nos deslicemos de vuelta, casi sin darnos cuenta, en la
superstición y la oscuridad». (El mundo y sus demonios)