Inicio del camino: ¿quién es Lodocus?
Lodocus busca abrir nuevos senderos para escapar de las concurridas avenidas de la cotidianeidad impuesta. Busca alejarse de la multitud y la masa, de lo impuesto y lo requerido, del hormigón, del acero y del plástico. Su mente está abierta y busca en los libros, la espiritualidad, el diálogo, la meditación y lo que la naturaleza le puede ofrecer.
Lodocus es consciente de sus heridas, de su laberinto mental y de la falta de conexión que le han robado sus malas decisiones y una vida acelerada, inflexible, sometida y excelente. Sabe que le sobran accesorios y que le falta equipaje. Escudriña abatido una cárcel sin barrotes y una sombra sin nubes. En el horizonte, allá, admira con envidia las montañas, altas, impasibles y eternas; mientras que aquí, vegeta en una realidad ruidosa que fluye, se vacía y se deshace entre sonrisas postizas y picadas.
Con su gran nariz, huele desde lejos el hedor de la división, el juicio, los chismes, la etiqueta o la condena; en ese caso se aleja y se desvanece sin que se note. Sus orejas, no tan grandes, no captan los gritos, ni la egolatría ni la soberbia.
Encontrás a Lodocus entre lo sencillo, el silencio y la naturaleza, aunque a veces estará enredado entre nudos incomprensibles. Lo encontrarás abrazado al dolor verdadero e irremediable, y gozando —saboreando— la alegría, cuando también es verdadera. Lo encontrarás en todo lo humano, si es que aún queda algo humano. Es amigo de Epicuro y de Zenón —de Citio, no de Elea—, y sospecha de Pirrón y del perro de Sinope.
Está dispuesto a pensar menos y a tocar más, a soltar las pantallas que encadenan y abrazar a los sentidos porque son reales, presentes y efímeros.
Usa Internet como red, raíz, micelio, hacia otros… otros que no aparecen —o no sabe encontrar— en su entorno. Busca empatía, compasión, aprendizaje, confianza, ayuda, diálogo y afinidad. Es prudente frente a los riesgos de la exposición, pero también es consciente de lo que decía el poeta irlandés: «No hay extraños, solo amigos que aún no conoces».
Y para terminar, y hablando de amigos, citas e irlandeses, esta vez del creador de Narnia: «La amistad nace en el momento en el que una persona le dice a la otra: '¿Qué? ¿Tú también? Pensé que era el único'».
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