Tres hitos: arranca el viaje

Hace unos dos mil quinientos años, un gran acontecimiento se desplegó en tres lugares diferentes sin que tuvieran entre sí ningún tipo de relación causal. Nacía una nueva forma de pensar que pronto se bautizó como Filosofía. Cada una estas tres tradiciones siguió un camino diferente en India, China y Grecia, pero todas manifestaron que el ser humano, mediante la especulación, era capaz de penetrar en los misterios de la naturaleza y en las razones de la existencia.

Tres encuentros han sido los que, de una forma parecida, me han despertado la curiosidad por otro tema que también discurre entre los misterios de la naturaleza y de la existencia.

El primero de ellos es el caso de la Dra. Jill Bolte Taylor, una neuroanatomista que sufrió un ictus en el hemisferio izquierdo de su cerebro. Como investigadora fue testigo de cómo su cerebro se apagaba hasta convertirla —mentalmente— en una niña. Vivió entonces una experiencia que ella llamó «nirvana» y que cambió para siempre su conciencia sobre ella misma, el mundo y los demás. Se descubrió a sí misma sin ser juez y formando parte de un todo dinámico con el universo. Desde entonces enseña que la paz interior, está a sólo un pensamiento de distancia, en su caso, el giro hacia el hemisferio derecho del cerebro.

El segundo de ellos tiene que ver con los trabajos de Jon Kabat-Zinn y Herbert Benson, microbiólogo y cardiólogo respectivamente. Ambos demostraron que el ejercicio sistemático  de técnicas de meditación —laica, tipo mindfulness— tenía un impacto fisiológico en el cerebro; en concreto, la actividad de la amígdala (asociada a reacciones de estrés) se reducía y aumentaba la materia gris en diversas regiones implicadas en las emociones, la atención y la conducta. Las consecuencias son bienestar personal y sentimientos de auto-aceptación, paz interior, satisfacción, alegría, empatía, pertenencia y gratitud.

En tercer lugar, un trabajo de investigación periodística de Michael Pollan acerca de los efectos de las drogas psicodélicas sobre la conciencia, las adicciones, la depresión, la trascendencia y la idea de la propia muerte. Con una prosa ágil y una investigación exhaustiva, llega a la conclusión de que una sola dosis de estos principios activos, junto a un trabajo de re-interpretación, puede generar un cambio permanente en la propia consciencia, con unas consecuencias muy parecidas a los estudios de la Dra. Jill B. Taylor.

¿Qué quiere decir todo esto? ¿Hay alguna forma de relacionarlo? Los tres hitos se alinean hacia un cambio estructural del cerebro capaz de reconfigurarse hacia lo que nos hace plenamente humanos e integrados en el mundo. ¿Cuál es la puerta de la consciencia y cuáles son sus leyes? ¿Qué es lo que nos mantiene encerrados en la trampa del egoísmo, la autorreferencia, la desconexión y el juicio? ¿Qué nos deparará el futuro?

Estas preguntas son tan sugerentes que no he podido pasarlas por alto. Estoy convencido de que no soy el único para el que resuenan estos interrogantes, y creo que su abordaje me sumergirá en un viaje apasionante ¿quién se apunta?

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